Photobucket Debo reconocer que ni Martín ni yo hubiéramos apostado por Papá. Seguramente Mamá tampoco. Incluso Papá desconfiaba de si mismo. Pero lo consiguió a la primera. Funcionó el salami con mantequilla como cebo y hacia las 4 de la mañana… ¡zás!. Capturado vivo y devuelto a la naturaleza. Resulta que bajo las escaleras de entrada a casa hay un gran hueco donde viven algunos ratones (el número está sin determinar, pero parece que se trata de una familia numerosa), y cuando la puerta de casa queda abierta pues se cuelan. Así es la vida en el campo. Ahora le toca a los topos. Estos son más complicados de capturar vivos. ¿Se le ocurrirá algo a Papá?.