Girando en el columpio Ya volvimos hace una semana y durante este tiempo nos hemos estado re-adaptando de nuevo al hogar. A nuestra edad, 12 días fuera de casa son muchísimos. ¡Lo pasamos genial!. Yendo a Murcia, paramos unos días en Madrid en casa de nuestra tía Cova. Hacía mucho tiempo que unos pequeñajos como nosotros la habitaban, así que les pusimos al día, eso sí, sin mayor destrozo. Mamá y Papá nos llevaron al Zoo. Vimos todo tipo de animales. Lo mejor fue ver a las jirafas y los monos, sobre todo una pequeña cría de gorila de pocas semanas. Papá y Mamá coincidieron en que se parecía a mí. Viajamos ya hacia Lo Pagán, y efectivamente Papá tenía razón. Es feo. Pero nos encantó ir a la playa. El agua estaba calentita, no como aquí en Asturias, y además pasamos el tiempo jugando con nuestros amigos Andrés y Mateo. Fue genial. Y luego seguíamos jugando en el patio de casa, ¡no paramos ni un minuto!. Los mayores parecían pasarlo muy bien y hasta Papá dijo que encontraba todo cambiado a mejor, que le gustaba más. Mamá piensa en volver (¡bien por Mamá!) y ya está comiéndole la oreja Papá, que acabará haciendo lo que diga Mamá, así que…¡Yuuuujuuuuu!. A la vuelta volvimos a parar en Madrid, y dormimos en casa de nuestros tíos Ricardo y Geli y de nuestra prima Aida. También fue guay. El plan era quedar un día más, pero Papá y Mamá decían estar muy cansados y con ganas de llegar a casa. Y tan genial como ir de vacaciones es llegar a casa y re-descubrirlo todo. Ya pasó una semana. Todo va de maravilla. Pero no nos importaría nada hacer otra escapada en breve (los genes de Mamá, sin duda).

P.D: En el puerto de Palos, en una pequeña calle, descubrimos una zona de recreo con balancines y otros juegos, y un asiento que daba vueltas o toda prisa (foto). ¡Vaya mareo!.