¡Otra vez malitos!. Ahora nos ataca un virus que provoca la enfermedad de “Manos, pies y boca”. Sí, sí. Se llama así. Y es un peñazo total. Nos salen ampollas por las manos, por los pies y ¡ay!, las más dolorosas, por la boca. Mi hermana Emma tiene una pupa en un labio que la está machacando y a mi me llegan hasta el culete (Nota: rebautizar la enfermedad como Manos, pies, boca y culete). Hemos intentado quitarlas con el photoshop, pero se ve que no lo dominamos aún. Hoy ha sido el peor día, el de la erupción total de pupas y no hemos dejado de protestar y dar el coñazo. Papá y Mamá están agotados y por momentos parece que van a perder los nervios; de hecho los pierden. Lo cierto es que luego los encuentran enseguida. No saben que más pueden hacer para calmarnos. ¡Pues nada!; aguantarse, que peor estamos nosotros. A ver si se creen que nos despertamos de madrugada por gusto. O al menos estos días. Espero que pase pronto. El jueves hay una superfiesta familiar y tenemos que estar a tope de fuerzas. No os imagináis lo que desgasta pasar de cuello en cuello, que todo el mundo te estruje las mejillas, te soban, te besan, te dicen que “te comerían” o “que te llevarían a sus casas” sin saber que no entendemos el doble sentido y pasamos miedo. Y Papá y Mamá orgullosísimos de sus niños “son muy sociables”, “van con todo el mundo”, y rematan con un “…y ya veréis lo que saben hacer…”. Y ahí comienza el repertorio: “¿Cuanto quieres a Papá?, ¿Cómo te llamas?, ¿Cómo hace el pato?, ¿cuantos añitos tienes?, ¿cómo se baila el chiki-chiki?”. ¡Lo que hay que hacer por los padres!.