A pesar del título, no, no es el pie de Juanito Oiarzabal antes de la desaparición de sus dedos. ¡Es mi pie!. Y no, no está congelado, aunque da mucho yuyu. La secuencia de hechos es bien sencilla:
1.- Coges un rotulador de puntaca gorda
2.- Le quitas la tapa tapadora
3.- Lo guardas en tu bota, con la puntaca del rotu hacia la puntaca de la bota
4.- Lo dejas reposar. Durante este tiempo de contacto entre puntacas, hay un trasvase de lo que viene siendo la tinta del rotu hacia la bota, que se impregna de la misma sin saciarse.
5.- Llegada la hora, tu padre o madre te calzan, ignorantes de lo que acontecerá.
6.- Ya sabéis lo que dicen de los niños, que “somos como esponjas”. Pues después de un rato, el pie-esponja se queda con la tinta pero, y esto es lo mejor, deja suficiente en la bota para la próxima vez.
En el momento de la foto el pie ya había sido lavado. La tinta no se va así como así, y los productos fuertes y mi piel no se llevan, así que mientras tanto se va poco a poco, pasearé mi “Pie de Juanito”.